Así se construyó… la estación de servicio El Rebollet.


La estación de servicio El Rebollet muestra dos tipos de estructuras de hormigón armado: el paraboloide hiperbólico y estructuras fungiformes aisladas.

No voy a extenderme demasiado en su funcionamiento ya que solo con eso podría dedicarle un extenso artículo, pero resumiendo, estamos ante unas estructuras que optimizan el uso del material gracias al ingenio de su forma, tanto que la estructura laminar de este paraboloide hiperbólico tan solo tiene 8cm de espesor, lo que supone un gran ahorro en material. Esta ventaja económica podría verse mermada por la necesidad de una mano de obra especializada, más hoy en día al tratarse de un oficio casi olvidado.

Desconozco si para la época resultó o no una obra cara, además, mi cabeza ya no piensa en pesetas… pero para los que sientan curiosidad, el presupuesto general de esta obra fue de 1.599.991,15 pesetas; 125.600,00 para las 5 setas, y 151.725,00 para la cubierta laminar.

Veamos primero como se ejecutó la cubierta y después las setas.

Cubierta laminar de hormigón.

Esta cubierta consta de 6 paraboloides hiperbólicos que ocupan cada uno una superficie cuadrada en planta de 7 por 7m, lo que en principio permite que el conjunto muestre un comportamiento estructural mucho más favorable que si se tratara de un único paraboloide aislado. Las generatrices que unen cada paraboloide sirven de puente de unión entre las cargas, lo que le otorga una estabilidad que evita flexiones.

El espesor de la lámina es de aproximadamente 8cm, ejecutada con un hormigón de 400kg/cm2 (o 40N/mm2), armada con una malla en su cara superior de siete barras de 8mm de diámetro por cada metro lineal, y de ocho barras de 5mm por metro lineal en la inferior.

Una de las características de estas superficies es que aun siendo curvas, se componen de directrices rectas, lo que resulta una ventaja tanto para la colocación de las tablas del encofrado como para la del armado.

Esta ventaja geométrica puede en cambio jugar una mala pasada a nivel constructivo si lo que deseamos es juntar varios paraboloides como en este caso. Al ser las armaduras rectas, la continuidad de un paraboloide a otro no se logra a menos que se dispongan conectores, algo que sospecho no llegó a tenerse en cuenta vista la fisura existente en los puntos de unión, lo que podría contradecir la teoría de que los 6 paraboloides trabajan como un único elemento estructural.

Gran parte del interés de una cáscara consiste en que los únicos esfuerzos que se producen se distribuyan en su superficie, lo cual permite que puedan ser resistidas con un espesor mínimo, que a su vez vuelve a redundar en la ventaja de reducir el peso propio del conjunto estructural. Este reparto de cargas superficiales sigue dos directrices curvas, una según el efecto del arco, perpendicular a su inversa que simula el efecto de cable.

Como condición indispensable de estas cáscaras, su contorno debe ser libre, por lo que las cargas se repartirán por la superficie de la membrana, directamente hacia los apoyos. En total, los pilares son 6, de 2m de altura con una forma ligeramente piramidal. Su base es cuadrada, de 80x80cm, estrechándose hasta los 40x40cm en su punto de unión con el paraboloide. La cimentación consiste en una zapada cuadrada de 1,10×1,10cm y 50cm de profundidad.

Al encargarse de soportar una membrana, los apoyos pueden considerarse una de las zonas a las que dedicar especial atención, ya que deben conseguir actuar en el mismo plano del paraboloide, en especial en el caso de los cuatro pilares exteriores. De no ser así, se produciría un equilibrio hiperestático, transmitiéndose unos momentos a los apoyos que modificaría la distribución de cargas de la superficie laminar, obligando a reconsiderarse todo el cálculo de la estructura.

Estos apoyos se encuentran especialmente armados, con un total de 48 barras. Aunque su ejecución inicial en cabeza se realizó con un acabado horizontal, las esperas del pilar se ubican en conexión con la malla superior del paraboloide, resultando tras el hormigonado una superficie en continuidad con la inclinación de la cubierta.

El encofrado resulta una labor de precisión crucial para este tipo de estructuras, debido por un lado al poco espesor de la membrana, a lo que debemos recordar que su cara inferior quedará a la vista. De la fase de obra solo he encontrado unas pocas fotografías, pero el proceso constructivo es casi siempre idéntico en estos casos.

Aprovechando las directrices rectas del paraboloide, se ejecuta un entablillado de madera sobre un entramado de vigas de madera separadas unos 50cm, todo ello perfectamente apuntalado. Por su condición de contorno de borde libre, no existe viga de borde, por lo que una vez realizado el encofrado de madera, se delimita su perímetro colocando simplemente unos parapastas.

Una vez comprobado que los niveles del encofrado son correctos, se le aplica un desencofrante para evitar cualquier problema antiestético a la hora de retirarlo. Después se puede proceder a colocar la armadura, cuidando la precisión de los separadores ya que el poco espesor de la lámina no permite mucho margen de maniobra. Previo al hormigonado, se humedece la superficie de madera para que ésta no absorba la escasa agua que contiene el hormigón utilizado en estas estructuras. El hormigonado se proyecta con una dirección ascendente, desde los apoyos hasta los vértices exteriores, tras lo cual se procede a un curado exhaustivo de la superficie durante al menos una semana.

Para permitir que la lámina de hormigón empiece a entrar en carga, se aflojan de forma intercalada ciertos puntos de apoyo del apuntalado, hasta que llegue el momento en que quede completamente libre de apoyos, momento en el que se puede proceder a su desapuntalado y retirada de las tablillas del encofrado.

 

Estructuras fungiformes.

Estas estructuras en forma de hongos constan de un disco superior de 8m de diámetro, que se obtiene como una rebanada de 50cm de espesor de una esfera de 16m de radio. Esta especie de sombrilla se apoya a su vez en un mástil central en forma de cono invertido, con una altura de cinco, seis o siete metros.

Su comportamiento estructural es el de un voladizo circular sobre un único pilar, lo que implica unos elevados esfuerzos cortantes en ese punto de apoyo.

Su armado vertical consta de doce barras de 20mm de diámetro con estribos de 10mm cada treinta centímetros. En cuanto al disco, se arma con una parrilla horizontal inferior, y otra alabeada en la cara superior con barras de 20mm de diámetro, además del refuerzo en el punto de apoyo sobre el pilar, que absorba el cortante máximo.

La ejecución en ese punto no sigue el perfil curvo de los planos, seguramente debido a la dificultad de su ejecución. Las fotos muestran claramente un encuentro plano con el pilar, lo que tampoco creo que supusiera problema alguno para la colocación del refuerzo, ya que en ese punto la capucha del hongo tiene 50cm de espesor.

En cuanto al apoyo del pilar, la verdad es que me sorprende el detalle del armado que casi brilla por su ausencia, que para empezar ni siquiera se prolonga hasta el emparrillado de la zapata, aunque sea por simple facilidad constructiva. Siguiendo las fotos, un andamiaje de madera parece sujetar en volandas toda la armadura del pilar previo a su hormigonado, pero me intriga el hecho de que no exista refuerzo alguno en la base del pilar, ya que es el punto donde el momento es mayor.

 

Referencias

Análisis geométrico, estructural y constructivo de la estación de servicio “El Rebollet”, de Sergio Grande García.

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