La gran conclusión de la arquitectura orgánica: la espiritualidad (1º parte)


Centro Cívico del condado de Marín

Para no liarnos, he decidido dividir las bases de la arquitectura orgánica de Wright en 5 bloques, empezando si me lo permitís por el último. Bases teóricas abundan, pero que marquen como objetivo el estímulo del crecimiento espiritual del ser humano me parece un toque muy distintivo. Definida la intención, no importa tanto valorar su arquitectura desde el “me gusta” o “me llama la atención”… la finalidad se convierte en el motor sin el cual perdería toda su esencia, razón por la que he decidido empezar por el final. De hecho, tendré que dividirlo en dos partes, ya que de lo contrario acabaré extendiéndome demasiado…

En esta primera selección de fragmentos, Wright nos habla de vida, poesía, reposo… y en la siguiente sobre libertad y democracia. Todos son conceptos que dejan clara su visión de una arquitectura que no se limita a construir muros y forjados, sino que puede aportarnos sal a la vida. De hecho, en este primer párrafo comenta que la arquitectura orgánica debe ser una interpretación de la vida del ser humano, recalcando que esa vida es la del ahora y no del pasado, todo un guiño a la modernidad:

“Declaro que ha llegado la hora de que la arquitectura reconozca su propia naturaleza, que comprenda la verdad de que nace de la vida misma y por la vida tal como es vivida ahora, una cosa intensamente humana. Debe convertirse nuevamente en la más humana de todas las expresiones de la naturaleza humana. La arquitectura debe ser una interpretación necesaria de la vida humana que ahora conocemos, si nosotros mismos queremos vivir con individualidad y belleza…”

Aquí ya hace mención a la individualidad, que conducirá a la libertad y democracia del individuo, pero eso lo dejo para la segunda parte del artículo.

Esta capacidad de la arquitectura orgánica de plasmar una realidad avanzada y moderna a la par que dignifique la vida del que la habita es para Wright un acto de pura poesía:

“Un buen edificio es la más admirable poesía, cuando se trata de una arquitectura orgánica. El hecho de que el edificio enfrente a la realidad y sea la realidad y sirva mientras dé vida, haga la vida diaria más digna de ser vivida y haga más felices a todas las necesidades debido a la vida útil que hay en él, no disminuye la poesía del edificio, sino que la hace más sincera. Todo gran arquitecto es –necesariamente- un gran poeta.”

En este otro fragmento alude al reposo y paz que nos aporta la arquitectura orgánica, aunque de poco servirá si no se asienta en una sociedad igualmente orgánica. Sus aspiraciones no se limitan por tanto a la arquitectura sino que apuestan por la concienciación del ser humano y de su entorno social.  

Ciudad Viviente (Living City)

“Todo lo material está en desacuerdo con todo lo espiritual. En pocas palabras, la vida misma está en decadencia y no en auge (….) ¿qué indica toda la condición de este mundo, en el momento actual, si no la necesidad de alguna confianza en la vida, algún sentido de dirección, tal como el que puede dar nuestro ideal de una arquitectura orgánica? Es una gran pacificadora, y una gran señaladora del camino, porque es constructiva (….) ¡Fuera del suelo hacia la luz…sí! ¡No sólo debe proceder así el edificio, sino que no podremos tener una arquitectura orgánica a menos que alcancemos una sociedad orgánica! (…) Toda la psiquis de la humanidad está cambiando, y yo no profetizaré lo que traerá ese cambio como futura comunidad. Ya ha cambiado mucho… El resultado de nuestra educación es la locura que no quiere ver el cambio ni lo permite como una ley de crecimiento. Así, el joven de hoy está inerme. Al no saber nada de la vida cambiante del crecimiento orgánico, espiritual o material, resulta un parásito. Quizás no nace parásito, pero si no nace así lo convierten en eso, para dar nacimiento a otro. ¿Entonces qué haremos con la vida de comunidad, digamos, en un mundo parásito para parásitos?”

Bien podría asemejarse a Morfeo, de Matrix, que ofrece la pastilla azul para seguir atrapado como parásito en un mundo de parásitos, o la roja con la promesa de descubrir las recompensas de su arquitectura orgánica.

Pero ¿cómo debe ser esa arquitectura orgánica? Lo de “fuera del suelo hacia la luz” me resulta curioso si revisamos su obra, en especial las viviendas, donde se enfatiza la dualidad tierra/cielo con un basamento horizontal y pesado que ancla la construcción al terreno y una cubierta que despliega una geometría ligera hacia el cielo.

Casa Palmer

Casa Reisley

Casa Kentuck Knob

Casa Friedmann

Veamos otros extractos en los que ya habla de simplicidad, reposo, y también de sinceridad constructiva a la hora de utilizar los materiales, que por cierto, deben ser modernos, los que nos proyecten al futuro, como eran en ese momento el vidrio, el acero y el hormigón. Wright siempre defenderá que una vida orgánica es una vida moderna que no se estanca en el pasado. La amplia diversidad de su obra lo atestigua, adaptada siempre a las circunstancias de su tiempo, e incluso alentaba a sus alumnos a que desarrollaran su propia arquitectura orgánica en vez de imitarle:

“(…) Las formas que tome deben ser una generación espontánea de los materiales, métodos de construcción y propósitos. El cerebro es una gran herramienta dotada de gran habilidad, pero en la arquitectura hay que preocuparse de nuestro sentido de la belleza específica de las vidas humanas, tal como se viven sobre la tierra, en relación unas con otras. La arquitectura orgánica busca un sentido superior del uso y un sentido más delicado de la comodidad, expresados en simplicidad orgánica (…) El uso y la comodidad, para convertirse en arquitectura, deben transformarse en satisfacciones espirituales, donde el alma asegure un uso más sutil, alcance un reposo más constante. Así, la arquitectura le habla al alma como la poesía. En esta era de la máquina, para exponer esta poesía que es la arquitectura, como en todas las épocas, deben aprender el lenguaje orgánico de lo natural, que es siempre el lenguaje de lo nuevo. Para aprender cualquier idioma, debéis saber el alfabeto. En la arquitectura de nuestra era de la máquina, el alfabeto es la naturaleza del acero, el vidrio y la construcción de hormigón, la naturaleza de las máquinas empleadas como herramientas, y la naturaleza de los nuevos materiales que serán usados.”

Como vemos, aquí defiende el uso de los materiales entendiendo su lenguaje, lo que significa usarlos en consecuencia a su funcionamiento constructivo. Por eso calificaba siempre el concepto de “estilo” o las “modas” como máscaras superficiales que nos anclan al pasado. Pero esto también lo veremos más detenidamente en otro artículo.

Una vida bella y simple conduce al individuo libre a cumplir con sus expectativas espirituales, unas necesidades modernas que la “máquina” hará realidad. Con “máquina” se refiere a cualquier técnica o tecnología moderna, creadora o destructora de esa vida en reposo, todo dependiendo del uso que se le dé… Con la “máquina” a nuestro favor, daremos con las claves que permitan aprovechar el máximo potencial de cada material, tal y como demostró con la Casa de la Cascada o la Johnson Wax, pero de nuevo, este es otro concepto que debo posponer ya que da para mucho.

Casa de la Cascada.

Oficinas Johnson Wax

No sé si debido a la influencia de la cultura japonesa, pero la importancia de la simplicidad orgánica para Wright es tal que su recompensa es el reposo. Me consta que las personas que meditan en búsqueda de un crecimiento espiritual dan fe de los beneficios del reposo interior, al igual que la conexión con la tierra y la naturaleza, tal y como siempre defendió Wright a través de una arquitectura sin límites definidos entre interior y exterior:  

“(…) el reposo es la recompensa de la verdadera simplicidad y que la simplicidad orgánica es una seguridad de reposo. El reposo es la mayor cualidad del arte de la arquitectura, luego de la integridad, y como recompensa a ésta. La simplicidad puede ser expuesta al futuro como un ideal espiritual, (…) es algo que sale de sí mismo, algo que nace espontáneamente del hecho, cualquiera sea la cosa que se deba hacer. La simplicidad también es una recompensa por la delicadeza de sentimientos y el justo pensar para llevar un principio a un final consistente.”

Casas Pew

Todos estos fragmentos han sido extraídos del libro “El futuro de la arquitectura”. Si os ha resultado interesado, no os perdáis  la segunda parte…

Enlace a la 2º parte del artículo

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