Construcción e impacto, inevitable pero también subjetivo.


Si buscáis en Internet sobre construcción sostenible, además de los materiales a usar o evitar, se le suele dar mucha relevancia al impacto sobre el entorno. Estos artículos se ilustran en muchas ocasiones con edificios enterrados o camuflados, una solución por supuesto factible, pero no por ello la única.

El respeto por el entorno es sin duda un pilar fundamental en la construcción sostenible; pero ¿cómo valorar su impacto cuando nuestra mera presencia supone la alteración inevitable del lugar? A pesar de su importancia, creo que este aspecto es altamente sujetivo, por lo que merece ser analizado aparte.

Respetar el entorno pasa por tomar conciencia de nuestra presencia como parte del mismo, un engranaje más del escenario natural. La construcción y ocupación del terreno no representan un acto negativo o agresivo en sí mismo, sino más bien la forma de construir y el planeamiento urbanístico en el que se desarrolla.

Llegados a este punto en que casi nadie discrepa, a mi parecer las divergencias tienen un claro origen cultural. La arquitectura tradicional recibirá siempre mayor aceptación por su arraigo cultural y por lo tanto emocional, además del tinte bucólico que suele dejar el paso del tiempo en sus materiales, casi siempre del lugar. ¿Pero qué ocurre con la arquitectura de este siglo? También forma parte de nuestra historia. ¿Recibe acaso el mismo trato?

El fuerte impacto por contraste con en el paisaje suele ser uno de los argumentos más recurrentes de rechazo. Siendo la ocupación imposible de evitar, ¿cómo deberíamos abordarlo desde el punto de vista sostenible? ¿Camuflándonos cual hobbit en la Tierra Media?…

Tomemos algunos complejos religiosos de distintas culturas como ejemplo de ocupación de parajes naturales. Por su ubicación, el contraste abismal con el entorno nos produce incluso admiración. Su unidad estilística y el uso de un material predominante otorga una gran coherencia al conjunto, sea cual sea el material escogido.

El uso de la piedra en los monasterios de Meteora y el de Montserrat los mimetizan con el entorno, llegando incluso a simular su crecimiento de la misma roca en el caso de algunos monasterios griegos.

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Otros materiales como la madera o el acabado encalado contrastan con la formación rocosa en la que se asientan, pero siguen siendo materiales naturales y tradicionales, además de ser usados de nuevo de forma uniforme.

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El Monasterio del valle Spiti, en la India, es uno de mis favoritos. Visto de cerca, cada una de sus partes muestra una gran sencillez e incluso pobreza en la construcción, careciendo del detalle ornamental de sus homólogos en Butan y China. En cambio el efecto logrado por el conjunto de sus construcciones es espectacular. En la cima de una pequeña colina, domina el valle cual elemento de gran unidad y belleza en cualquier estación.

Monasterio valle Spiti 2

Monasterio valle Spiti

Monasterio del valle Spiti

Monasterio valle Spiti_invierno

La ciudad de Shibam destaca igualmente por su presencia en el desierto de Rub’al-Khali. Con una “muralla” perimetral como protección de los ataques beduinos, su crecimiento se vería forzado al desarrollo vertical de sus cerca de 500 edificios, alcanzando las 16 plantas en un total de 40m de altura. De nuevo, un sistema constructivo uniforme, en este caso de adobe, aunque sin lograr disimular su presencia a pesar de constituir un material que la une a la tierra de la que proviene.

Shibam

Ciudad de Shibam

En otros casos la construcción destaca por una geometría estricta y altamente simbólica. En el complejo de Angkor Wat, impresiona tanto la magnitud de su principal templo como el alcance de su desarrollo geométrico. Tres recintos rectangulares concéntricos sobre un eje longitudinal albergan cuatro torres esquineras y una central de 65m de altura, todo ello rodeado por un lago de 3,5 km de longitud y 200m de anchura.

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Se puede decir que quita el aliento, aunque nadie argumentaría que su dimensión, ocupación y geometría representan un impacto dañino para el entorno. ¿Serían todos estos argumentos  igualmente válidos de ser aplicados a la arquitectura moderna? Probemos… pero empecemos con algo sencillo.

El centro curtural Jean Marie Tjibaou de Renzo Piano se encuentra a unos 10km del centro de la ciudad de Nouméa, la capital de Nueva Caledonia. Dentro de una reserva natural y rodeada de lagunas y manglares, su silueta no pasa desapercibida. Aunque a vista de pájaro una cubierta plana parece extraña al lugar, la repetitiva estructura de madera se integra y complementa a la perfección este paraje de gran belleza.

Tjibaou

Centro curtural Jean Marie Tjibaou

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Otro proyecto de Renzo Piano contrasta con la estrategia de asentamiento del emblemático edificio al que complementa: la capilla en Ronchamp de Le Corbusier. El nuevo convento y sala de visitantes se integran en la colina abrazando su ladera. De ese modo logra no restar protagonismo a la capilla, que domina la cima por contraste, con sus curvas blancas y negras. Dos estrastegias diferentes para un mismo escenario.

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Capilla en Ronchamp de Le Corbusier y convento de Renzo Piano.

Esa estrategia del convento fue usada anteriormemte por Wright en muchos proyectos. Su escuela Taliesin rodea la loma de la colina, liberando su cima como un sitio priligegiado desde el que poder admirar el paisaje, con la cubierta a tus pies. Esta escuela es un claro exponente de la arquitectura orgánica de Wright, creciendo cual organismo en sucesivas ampliaciones sin perder en ningún momento su sentido de unidad. Esta actitud de Wright en pro de la unidad entre edificación y naturaleza seguramente suena muy proteccionista con el entorno existente, pero si ahondamos descubriremos que todo ese territorio heredado de su familia fue drásticamente alterado durante años como laboratorio en el que poder experimentar sus teorías orgánicas. El resultado final es obviamente agradable a la vista, pero cómo valorar el impacto de una obra que presume de respetar un entorno natural previamente modificado a la carta?…

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Escuela Taliesin

Escuela Taliesin

Otro tipo de complejo que tiende a una drástica alteración del entorno es el de los club de golf. El King Kamehameha, anteriormente conocido como Waikapu Valley Country Club, es una adaptación construida en 1991 de la casa Arthur Miller, una obra no realizada de Wright de 1957. Localizada en la ladera de una montaña de la isla de Maui, en Hawaii, el recinto se extiende desplegando galerías que relacionan estancias y terrazas circulares. Con sus terrazas de piedra que lo unen a la tierra y una cubierta unificada por sus formas curvas de color ocre, transmite la misma sensación de unidad que la escuela Taliesin.

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¿Y si ahora pasamos al hormigón? El arquitecto Paul Rudolph es bien conocido por sus edificios brutalistas. ¿Puede considerarse aceptable el impacto de un edificio brutalista de hormigón? Veamos el campus de la Universidad Dartmouth de Massachusetts de 1963-69. Si el brutalismo lleva las geometrías puras a su máxima expresión, en este proyecto extienden su trazado incluso a nivel urbanístico. El complejo del campus se desarrolla en dos hileras enfrentadas de edificios que se relacionan en un ordenamiento principalmente espiral, prolongándose en forma de aparcamientos que rodean la edificación. Cierto es que la geometría de estos volúmenes resulta agresiva, pero la homogeneidad en el criterio de diseño y su ordenación ofrece una visión de conjunto – con el permiso de Wright – más orgánica.

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En el caso del complejo Awaji Yumebutai de Tadao Ando, se reúnen también varios edificios en una colina de la isla Awaji de Japón. En conmemoración del gran terremoto que sufrieron la isla y la región de Kobe en 1995, reconstruye un paisaje degradado intersectándo volúmenes de hormigón que recorren la loma de la colina hacia el mar. El conjunto adquiere un gran valor paisajístico por su unidad, potenciado por la presencia del jardín botánico aterrazado.

Complejo Awaji Yumebutai

Complejo Awaji Yumebutai

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El Museo de Bellas Artes de Henie-Onstad en Noruega, de los arquitectos Jon Eikvar y Sven Erik Engebretsen, se encuentra en otro paraje privilegiado. Inaugurado en 1968, fue ampliado por los mismos arquitectos en 1994 y 2003 hasta los 9.500 m2 actuales. Bien se podría decir que fue construido de una vez. Aún sin ser un edificio especialmente bajo, las cubiertas planas en continuidad con sus volúmenes en abanico resalta la horizontalidad del conjunto.

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Museo de Bellas Artes de Henie-Onstad

Museo de Bellas Artes de Henie-Onstad

Los proyectos seleccionados prueban que la arquitectura no tiene porqué camuflarse para ser respetuosa con el entorno. La arquitectura moderna no debe avergonzarse por su contraste con la naturaleza, la tradicional nunca lo hizo. Una estrategia de unidad en proporciones y materiales conduce a proyectos coherentes capaces de complementarse con la belleza del entorno, estemos en plena montaña o en la costa. Permite insluso su ampliación pareciendo que siempre fue así, como lo demuestran el museo Henie-Onstad o la arquitectura orgánica de Wright. La lista podría ser muy larga, y eso que se ha pasado por alto el entorno urbano.

Para finalizar comparemos la urbanización de Fredensborg en Dinamarca (1962) del arquitecto J. Utzon con una de las muchas propuestas de arquitectura bioclimática encontrada en internet. ¿Cuál de las dos representa un mayor impacto negativo para su entorno?…

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Urbanización de Fredensborg

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