Mentalidad eficiente, mentalidad rentable.


Mentalidad eficienteSer un férreo defensor del consumo sostenible y respetuoso con el medio ambiente suele colgarte la etiqueta de típico soñador ecologista con cinco cubos de reciclaje en tu cocina.

Cierto es que el concepto de eficiencia energética se normaliza poco a poco entre la población, al igual que lo hizo en su día el reciclaje de residuos, que todos hemos asimilado  ya como una costumbre cotidiana y beneficiosa. Pero aún queda un fuerte esfuerzo de mentalidad por hacer, quizás por no ser aún conscientes de lo poco rentable que resulta la baja eficiencia y de sus consecuencias.

Para empezar, al hablar del consumo de un edificio deberíamos considerar toda su  vida, desde la fase de construcción hasta la demanda energética que genera su ocupación, sin olvidar el gasto de mantenimiento.

La crisis energética existe… los consumidores de confort crecemos un número y exigencias, y no estamos dispuestos a prescindir del mismo. De algún modo debemos controlar ese consumo con edificios más eficientes en su demanda, razón por la que se aprobó la directiva europea 2010/31/UE. Aunque esta norma deja la puerta abierta para que cada país defina un modelo propio de edificio de “consumo casi nulo”, queda claro que la casa pasiva o Passivhaus es el referente que ha inspirado esta medida. Y no es para menos. Este tipo de edificios, ya muy conocidos en los países del norte de Europa, son confortablemente cálidos en invierno y frescos en verano. Con estrategias pasivas de diseño, llegan a ahorrar hasta un 90% del consumo energético respecto a las soluciones convencionales, porcentaje que además casi ni se ve condicionado por el mal uso de sus ocupantes.

¿Pero qué consecuencias supone esta nueva mentalidad sostenible?

Queda claro que las normativas se están haciendo cada vez más exigentes. De hecho, sea cual sea la fórmula nacional de “consumo casi nulo”, todos los nuevos edificios deberán cumplirlo a partir del 2020, y con la directiva 2012/27/UE, también los reformados.

Teniendo en cuenta la longevidad de nuestros edificios, el grado de confort a mantener y la más que probable subida del precio de una energía fósil que no disponemos, nuestra dependencia energética irá en aumento. A la tradicional hipoteca inmobiliaria se acabará sumando una hipoteca energética, un factor que será determinante en la compra de cualquier edificio.

En un país como España la vivienda se transformó hace años en un producto de inversión, transformándose en una clara especulación sobre el m2 habitable. Con este nuevo escenario, construir o invertir en inmuebles sin criterios de ahorro energético resulta a largo plazo una muy mala inversión, ya que el propio mercado acabará presionando a la baja el precio de los edificios poco eficientes. Lo que no me queda claro será la estrategia de los bancos cuando gran parte de las miles de viviendas embargadas y desocupadas pierdan valor por su devaluación energética. Pero eso es otro cantar…

Invertir en eficiencia supondrá también asumir un mayor gasto en calidad constructiva, más aún si se trabaja con edificios pasivos, en los que el seguimiento exhaustivo de su ejecución se vuelve inevitable.

Para los interesados en una arquitectura eficiente y sostenible desde su fase de ejecución, les será de ayuda las EPD (Environmental Product Declaration), unas eco-etiquetas de tipo III que  analizan el impacto ambiental de los materiales de construcción  a través de su ciclo de vida.

La plataforma belga Maison Passive sacó a finales de 2011 el proyecto be.ACV para complementar el estándar Passivhaus con el análisis del ciclo de vida de los materiales, dando paso al actual programa gratuito be-Global. Otros países europeos ya han desarrollado sus propios EPD. En el caso de España, se está elaborando una base de datos de materiales que disponen de DAPc (Declaración Ambiental de Productos de la Construcción). Esta información, aunque voluntaria, representa un valor añadido que puede ser decisivo a la hora de escoger un material.

Los tiempos están cambiando y el concepto de rentabilidad económica acabará ligado a soluciones innovadoras y eficientes. Eso siempre que los precios lo permitan, ya que lo novedoso suele ser más caro. La competitividad acabará equilibrando el mercado, pero lo que queda claro es que esa balanza terminará decantándose por una mayor calidad constructiva.

Fuente.

Guía del estándar Passivhaus.

Enlaces.

Plataforma Maison Passive

Herramienta gratuita be-Global

Sobre las EPD.  

Listado de materiales DAPc

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