La trama magnética terrestre en un hábitat saludable.


red-hartmann

Además de las imprescindibles condiciones higrotérmicas como la humedad relativa y la temperatura del aire, el cuerpo humano se expone diariamente a múltiples variables como son las energías procedentes tanto de la tierra como del cielo, e incluso la originada por la actividad de otras personas.

Según la geobiología, la calidad energética de nuestro hábitat condiciona nuestra sensación de confort, llegando incluso a afectar a la salud. Aunando los conocimientos de la sabiduría tradicional y los más recientes avances técnicos, un estudio geobiológico del terreno nos permite recopilar información sobre la energía que emana del mismo, identificando como geopatías los focos de cualquier alteración telúrica como pueden ser grietas en la tierra, fallas, fisuras, corrientes de agua subterráneas, masas metálicas, líneas geomagnéticas de Hartmann y de Curry…

La red electromagnética terrestre…

Invadidos por la tecnología, muchos otros aspectos deben tenerse en cuenta, como el efecto de la telefonía móvil o la contaminación eléctrica o electromagnética artificial. Aún así, la trama magnética descubierta por Hartmann sigue siendo la piedra angular de la geobiología. En continuidad con sus predecesores, la investigación de este doctor alemán de la universidad de Heidelberg le condujo a definir en 1935 una red o malla geomagnética emitida por la Tierra. Esta red ortogonal tiene un trazado de 21cm de ancho orientado según los polos geomagnéticos terrestres, cada 2,5m en la dirección norte-sur con polaridad eléctrica negativa, y cada 2m en el sentido este-oeste con polaridad positiva.

Posteriormente, el doctor suizo Manfred Curry detectó en 1954 una red similar a la red Hartmann pero con una orientación oblícua a la misma. Con un ancho aproximado de 40cm, esta red mangnética es mayor que la Hartmann, trazada cada 8m en la orientación Noreste-Suroeste y cada 6m en la Sureste-Noroeste. En cuanto a su origen, algunos estudios sostienen que podría ser consecuencia del efecto dipolar y toroidal producido por la rotación constante del planeta junto a la generación de fuertes campos energéticos por la fricción entre la corteza terrestre y el núcleo magmático de la tierra.

La intensidad y densidad de esta trama magnética es en realidad variable en función de las condiciones climáticas y la constitución del suelo, e incluso de las horas del día. Su trazado es generalmente rectilíneo, aunque puede llegar a crear nudos por variaciones en la composición del suelo. Esta red puede ser detectada en todo tipo de terreno e incluso agua con equipos de medición magnética, tal y como realizó el Ministerio de Fomento de España entre el año 2000 y el 2005, obteniendo el siguiente mapa geomagnético de la península.

LineasHartmann_España_Biohabitabilidad2

La red electromagnética recorre todo el planeta por tierra y mar, a excepción de los polos. Mantiene su posición atravesando cualquier edificio en toda su altura, hasta superar los 2000m sobre la superficie terrestre, formando un escudo de muy alta frecuencia que protege nuestro planeta y su atmósfera de los efectos del sol.

Red Magnética

Al ser el reflejo energético de las condiciones o distorsiones de un lugar en un determinado momento, también recibe el nombre de Condiciones Vitales Terrestres. Como ejemplo, el ancho de su trazado puede variar entre los 21 y 80cm en el transcurso de un eclipse solar, o superar los 120cm en caso de producirse un movimiento sísmico.

¿Cómo nos afecta?

La importancia de estos hallazgos para la calidad del hábitat radica en que se produjeron tras comprobar la resistencia eléctrica de las personas en distintos lugares. El hecho es que dentro de este campo electromagnético terrestre, nuestro cuerpo se comporta como un circuito conductor de electricidad.

Para la geobiología, los cruces de la trama electromagnética, en especial los de la red Curry y los cruces de ambas redes, representan geopatías o alteraciones telúricas en toda su vertical que afectan negativamente a nuestro campo magnético individual, y por lo tanto a nuestra salud y estado anímico. Esta nocividad se ve potenciada por la presencia de fallas geológicas o aguas subterráneas, causantes de alteraciones en la emisión de radiación gamma e infrarroja. También afectarán las líneas de alta tensión, masas férricas en el terreno o en su caso la estructura metálica del edificio.

Nuestros átomos tienen una carga eléctrica que nos mantienen con vida en sintonía con el campo electromagnético de la Tierra. Estas geopatías son radiaciones de alta frecuencia que crean gran cantidad de iones positivos que descompensan nuestro equilibrio iónico natural. Los procesos bioquímicos y energéticos de nuestras células pueden verse alterados por las radiaciones y los campos energéticos, en especial las del sistema inmunológico. Las consecuencias de la despolarización de nuestras células serán mayores cuanto más tiempo permanezcamos expuestos y cuanto mayor sea esa geopatía.

En cualquier caso, considerar esta fuerza y sus geopatías sistemáticamente nocivas para la salud puede resultar algo alarmistas para muchos profesionales del sector. Aunque no todos presentamos la misma sensibilidad ante esta energía, toda vida en este planeta, animal o vegetal, late en consonancia con la energía terrestre. Esta trama amplifica y estimula nuestros  ritmos vitales, los acelera, o puede sencillamente resultar neutra. Se trata de una conexión en la que el ser humano no puede ser relegado al rol pasivo de víctima energética. Una persona sana y cuidadosa de su equilibrio emocional y energético dispondrá sin duda de mayores armas para hacer frente a cualquier agresión externa.

¿Cómo solucionarlo?

La correcta orientación y distribución del espacio en relación con estas fuerzas energéticas  puede marcar la diferencia en cuanto a la salud de nuestro hábitat. Las zonas más relevantes serán donde desarrollemos la mayor parte de nuestra actividad diaria, como nuestro habitual puesto de trabajo, y en especial la disposición de la cama. Durante las horas de sueño, nuestro sistema inmunológico puede mantenerse alerta un máximo de dos horas, dejando después nuestro organismo vulnerable ante cualquier alteración energética externa. Si descansamos o permanecemos prolongados periodos sobre una geopatía, sentiremos malestar, dolor de cabeza, estrés, lo que puede derivar con el tiempo en problemas de salud tanto físicos como psicológicos.

En cuanto a la orientación, la más adecuada para la cama es el Norte o el Este, posiciones  que garantizan un descanso reparador al permitir que nuestro organismo restablezca su equilibrio energético. Además, ninguna parte de la cama debe ser metálica, descartando por supuesto los colchones de muelles por generar un spin que invierte la polaridad del campo geomagnético en el extremo de cada muelle, polarizándose inversamente las células de nuestro cuerpo que reposen en esos puntos.

¿Cómo condiciona la construcción?

El aislamiento de estas fuentes energéticas resulta incluso más perjudicial para nuestra salud, por lo que además de una correcta ubicación y orientación, los materiales de construcción deben permitir una conexión natural con esta energía.

Uno de los materiales más utilizados en la construcción moderna es el hormigón. Si a su escasa permeabilidad energética sumamos el efecto distorsionador del acero, además de la incorporación de compuestos químicos para mejorar sus propiedades, el hormigón armado se convierte en uno de los sistemas constructivos menos aconsejables desde el punto de vista de la bioconstrucción por su efecto de caja Faraday. Este aislamiento de la energía tanto terrestre como celeste, unido a sus capacidades higroscópicas casi nulas, puede generar espacios incómodos para vivir.

Los sistemas constructivos más adecuados serán los que recurran a materiales respetuosos con el medio y permeables a la energía por sus distintos espacios. Un ejemplo claro lo encontramos en la arquitectura tradicional, cuyos sistemas constructivos son reflejo de los materiales del lugar.

En este sentido, la arquitectura de Wright es de las más significativas de la era moderna. Tuviera o no constancia de esta conexión electromagnética con la Tierra, su concepción orgánica de unidad arquitectónica en un entramado cósmico parece haberse gestado en concordancia con nuestra inevitable dependencia de nuestro planeta y su energía. En contraposición a muchas de las obras sobre pilotes del Movimiento Moderno, su interés por enraizarse a Tierra se suele materializar con pesados basamentos de piedra, que a su vez sirven de apoyo a ligeras cubiertas orientadas al cielo. Curioso guiño al origen divergente de la energía que nos rodea…Wright_dibujo

Fuentes.

AMALUR arquitectos · bioconstrucción y bioclimatismo. 

Blog de Medicina del Hábitat de Marta Povo.

Artículo sobre la red Hartmann. 

Otro artículo sobre la red Hartmann.

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